Historias de Lactancia

¡El Blog de Maternidad Blanca esta de fiesta! Estamos en la Semana Mundial de la Lactancia Materna, y queremos compartir contigo nuestras historias de lactancia, historias de mujeres madres como tú y como yo, que se han enfrentado a miles de situaciones, dudas y temores. Mujeres que han luchado y han conquistado día con día cada uno de los retos que la lactancia conlleva, para convertirse en lo que son: Madres de Leche Admirables, pero ante todo, ¡Felices y orgullosas por su gran logro!

Te invito a leer durante la semana las diferentes historias que estaremos compartiendo.

¡Feliz Lactancia!

Erika Fajardo

Mi historia de Lactancia – Por Erika Fajardo de Hernández.     

Hace poco fui a regresar el saca leches que había rentado en el hospital. Ya había cumplido mi meta: un año de amamantar a mi bebé. Mi hijo ya tenía 13 meses y después de mucho pensar tome la decisión que ya no me iba a sacar leche. Mi salud mental y mi tranquilidad me lo pedían. Nunca me lleve bien con el saca leches y aparte ya casi no me salía leche: el trabajo, el estrés, y las tomas espaciadas de mi hijo habían hecho de la suyas. En ese entonces tenía un remolino en mi vida porque estaba dejando mi trabajo y pensé que sólo le daría yo mientras él quisiera. Era una decisión difícil, pero aun así no me esperaba la lluvia de emociones ni el llanto que me nublo los ojos. Es increíble como después de tanto tiempo, aun podía ser un tema tan sensible para mí.

No todo el mundo entiende esto: dar pecho es el instinto más bello, la intimidad más hermosa que se puede compartir con un hijo, pero también es trabajo arduo, requiere de tiempo y esfuerzo, especialmente en un principio. Y es especialmente difícil en estos tiempos, donde aún es algo medio raro, donde no hay el apoyo necesario para las mamis y en lugar de ser considerada la opción más natural para mamá e hijo; es considerada como una opción dolorosa y tentativa (haber si puedes, haber si te sale leche, haber si lo llenas, huy no sabes como duele!, etc.) Pero bueno, ahí les va mi historia! Trataré de ser lo más breve posible!

Todo empezó cuando a la media hora de haber nacido, mi bebé, mi querido Angelito, se pego a mi pecho sin problema. Se movía solito, y levanto su cabecita para encontrarme, todo un milagro, una maravilla de amor e instinto de supervivencia. Mi bebé buscaba mi leche, mi calor. A pesar de la fatiga y estar adolorida porque fue cesárea, lo único que importaba era cuidar a mi hermoso chiquillo. La segunda vez que lo intentamos batalló un poco. En el hospital donde estaba, la consultora en lactancia me recomendó usara una pezonera, yo nerviosa, le hice caso por supuesto. Recuerdo como antes de cada toma venían y me ayudaban a acomodarlo, como me tenía que poner el plástico, como sinceramente no tenía idea de lo que estaba haciendo. El bebé lloraba y lloraba. Yo pensaba que era porque no me bajaba la leche. Yo lloraba. Venia una enfermera a decirme que tenía que llevar una lista de cuantos pañales mojaba, de qué lado le daba, cada cuanto y cuanto tiempo duraba en el pecho….what? Esto obvio no contribuyo a mi relajación, que ahora se era lo que más necesitaba. El bebé quería succionar todo el tiempo. Todo el tiempo. Estaba en shock. Mi cuerpo no era mío. Que no después del embarazo recuperaba mi cuerpo? Tenía días y días sin dormir, me sentía preocupada por mi hijo, insegura, pero segura que de que era lo mejor para mi hijo. Le pregunte al pediatra y me dijo que el niño “me estaba usando de chupón”,  “ahí tu si te quieres dejar”. Al segundo día de nacido, me dijo que debía complementar con formula ya que el bebé había bajado de peso. Le hice caso, sin saber que empezaba un circulo vicioso, ahí me tienen batallando con una tripita que me pegaba al pecho para darle también formula, ya que no le quería dar biberón ni chupón, ya que eso si sabía que no era bueno al empezar la lactancia.

En fin, para no hacer TAN larga esta historia, la pezonera me lastimo el pecho, casi tiro la toalla! Seguía complementando con fórmula y no estaba contenta con ello. Mi bebé seguía batallando con el peso y yo hacía de todo: galones de agua, pecho a demanda, caldos, avena, pastillas, tés para la producción de leche, le daba pecho luego usaba el saca leches, la verdad es que me estaba volviendo un poco loca. Y la verdad es que no sabía bien porque lo hacía. Nunca había visto a alguien más amamantar de cerca. Ni un familiar, ni una amiga. Pero de repente eso se convirtió en lo más importante en mi vida. Alimentar a mi hijo, tener esa conexión especial, darle lo mejor.

Los grupos de apoyo me salvaron la vida. Aún recuerdo cuando llegue hecha un mar de lágrimas y la consultora en lactancia tiernamente me ayudo y me dio ánimos. Me enseño como debía de agarrarse mi hijo y nos deshicimos del plástico. Acudía religiosamente, esto me daba esperanza, y era interesante aprender historias de otras mamás; ver como no era la única.

Después de mucha investigación de mi parte me di cuenta que mi hijo tenia “lip tie”, es decir, una condición que afectaba el “latch” y la transferencia de leche. Le hicimos una cirugía a los 10 meses y ya para ese entonces mi bebé solo tomaba de mi leche unas cuantas veces al día. Eso me ponía un poco triste, pero no me rendí y le seguía dando lo que fuera, pensando que algo de leche de mami  que es como oro molido nutricionalmente, es mejor que nada.

He aprendido muchas cosas: que más que listas de pañales y horarios de tomas, necesitaba alguien que me dijera: “no te rindas, tu puedes, tu cuerpo es maravilloso, esto es lo mejor para tu bebé”. Necesitaba seguridad, necesitaba confianza en mí misma, creer que yo era lo único que necesitaba mí bebé. Mi esposo fue importantísimo ya que el siempre creyó en mi, incluso más que yo misma.

Aprendí que hay poca o nula información sobre lactancia en los hospitales y con los doctores en general. Que si les haces caso (claro, hay sus excepciones), estas frita. Estoy anonadada en como con la mano en la cintura te dan consejos que pueden afectar la relación de lactancia con tu bebé severamente (como complementar con fórmula). He aprendido que la gente más bien intencionada y querida te dará consejos, pero es importante seguir tu instinto, nadie más que una mamá sabrá que necesita su bebé, aunque sea primeriza.

Hasta que me relaje, no pensé en cuanta leche me salía, empecé a tomar siestas con mi bebé mientras él se pega a la teta y deje que el mundo rodara me di cuenta que es lo que debí de haber hecho en un principio. Ahora, mi bebe tiene 15 meses y a veces parece recién nacido el condenado porque aunque creí que ya terminábamos, oh sorpresa! Resulta que está aprendiendo mucho del mundo y todavía necesita la seguridad, el calor y el confort del pecho de mamá. Los bebés no sólo maman por hambre. Lloran porque quieren estar con nosotras. He aprendido que lo natural es estar con tu bebé, siempre cerca, una cuna no funciona para mí y tampoco para él. No hay nada más lindo que despertar juntitos, con su sonrisota y esos ojotes que me miran tiernamente mientras esta agarrado del pezón. Y resulta que tengo más leche que nunca.

Tuve etapas de leche, no leche, estrés, bebé llorando, brotes de crecimiento, en fin, de todo un poco! Pero el chiste es no rendirte y seguir tu instinto. Mi instinto de amamantar a mi hijo se ha convertido también en una vocación. Todo lo que he vivido me ha cambiado como mujer, y estoy estudiando para convertirme en educadora en lactancia. Creo firmemente que todas las mamás deberán tener el apoyo necesario para amamantar y sobre todo tener información confiable. No tiene nada de malo dar formula siempre y cuando sea una decisión tomada por la madre, no por los doctores o por alguien más.

El problema es que  vivimos en un entorno hecho para los biberones, no para las mamás que amamantan. Una sociedad que compara el dar pecho con ir al baño, cuando el primero es un acto de amor y el segundo es una necesidad fisiológica. Vivimos en una sociedad que se escandaliza al ver un pecho descubierto alimentando a su bebé pero ve normal un sexy escote. Invito a las mamás a ir mas allá del que dirán y dar leche y amor a su bebé cuando lo pida. Es difícil dejar el control de los horarios, las onzas y entregarse a este proceso sin reglas, de lleno, confiadas en nuestro cuerpo. Entregarnos a esta transformación tan bella llamada maternidad.

Con mi historia espero inspirar a otras mamis para que vean que si se puede! Y sobre todo para que sepan que vale la pena! Amamantar a tu bebé es lo más bello y mágico en el mundo. Como mujer, nacimos para esto, lo hemos hecho por millones de años, sólo es cuestión de que recordemos un poco y recuperemos nuestro instinto, si está guardado, de seguro sale con toda la garra en el nacimiento de tu hijo. Siento una felicidad enorme al seguir dando pecho a mi hijo,  y  es que amamantar es un regalo para toda la vida, no sólo para el bebé, sino también para la mamá!!!

Con cariño:

Mami Erika.

Orgullosa Madre de Leche.

Lactancia Materna: ¡Un logro para toda la vida!

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