Liz Cervantes y su historia de lactancia.

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Mamá de 2 Niños, Germán de 7 años y Mariana de 5 años

Creo que mi historia de lactancia es casi mágica de las que quizá pocas hay sin muchas complicaciones. Amamante a mis dos hijos, al primero por un año, ocho meses y a mi segunda hija por 2 años, exactos.

Recuerdo perfectamente que en ambos casos no pude amamantar en el hospital, no tuve orientación de las enfermeras ni de nadie, creo que en parte porque nadie se ofreció y en parte porque yo no lo quise. Si intenté que comieran pero no pude acomodarme, ni lograr que se prendieran, sin embargo no me permití que esto me alterara ni frustrara, pensé que lo mejor era en ese momento que los alimentaran con biberón y que yo lo intentaría de nuevo en la tranquilidad de mi casa. La verdad es que con mi primer hijo la única expectativa que tenía como madre era disfrutarlo, no tenía un plan ni de que mi parto fuera natural o cesárea, ni de amamantar o dar fórmula. Creo que la únicas dos cosas que tenía clarísimas en ese momento era que lo llenaría de amor y que me dedicaría 100% a él durante el tiempo que así lo considerará.

Mi Historia con Germán.

Sólo estuvimos un día en el hospital, al llegar a casa con mi primer hijo,  ya era de noche, le pedí a mi esposo que preparará el biberón, y así se hizo. Nos fuimos a la recamara con mi bebito y ya en ella, me senté en una silla, me acomode la “dona” y lo pegue a mí, mágicamente ¡se pegó a mí! Sin tanta complicación, logramos en pocos minutos acomodarnos y empezó a succionar. No sabía si había tomado mucho o poco (en realidad sentía que no había sido mucho) y opté por darle un poco de biberón.  Como dije antes yo no tenía claro si le daría pecho o fórmula, supongo que dejaría que mi instinto de madre decidiera, sin embargo no contaba con que mi esposo si tenía expectativas y él, que me había acompañado al curso de preparación al parto sabía que no había mejor alimento para su bebé que el que su madre le podía ofrecer.

Esto fue lo que causo la mayoría de mis conflictos, no porque yo no quisiera darle de comer a mi bebé, si no porque de pronto me topé con la realidad de que la decisión no era sólo mía si no de mi esposo también y él quería ser un papá totalmente presente y con opinión en todo.  Debido a esto dudé durante casi todo mi primer periodo de lactancia, sí era yo la que decidía o lo hacía porque mi esposo quería.  Así pasaron esos primeros meses sintiéndome no dueña de esa decisión, hasta que reflexioné y me di cuenta que nadie me ponía una pistola, que mi esposo era el padre y podía dar su opinión pero al final la decisión final siempre había sido solo mía.

Por otro lado tuve un bebé muy apegado a sus cosas; al principio el primer mes o quizá el segundo también, le daba pecho todo el tiempo a libre demanda, pero de noche antes de dormir le daba un sólo biberón, pues dudaba de si comía suficiente de mí y quería que se sintiera más lleno, mi pequeño así lo sabía y aunque no era mucho de su agrado se lo tomaba, pero no aceptaba más que uno y si alguna vez le quise dar otro, lloraba con tal sentimiento, como preguntando ¿Ya no me quieres? ¿Por qué me das esto?  Así que un día más segura de que  lo que yo le ofrecía era suficiente elimine la fórmula y sólo le di mi leche.

Durante mi primer periodo de lactancia, decidí invernar, mi bebé nació a finales de octubre, así que literalmente viví en mi cuarto unos seis meses. Salíamos poco, le di pecho a libre demanda, lo dormía pegado a mí la mayor parte del tiempo, ya fuera de día o noche, según los dos quisiéramos.  Le cantaba mil canciones, lo admiraba de pies a cabeza, vi mucha televisión y sólo estaba para él, nada me preocupaba. Tenía todo el apoyo de mi esposo, de mi mamá y mi suegra. Nunca nadie cercano a mi familia me cuestionó el tiempo que le di pecho a mi niño, si lo hicieron el doctor y algunas amistades pero fueron pocos, la verdad yo vivía en mi mundo.

Pasaron lo meses, mi bebé dormía muy bien sí dormía a mi lado, para mí era lo más práctico y bello dormir oliendo a mi bebé, definitivamente no me cansaba de él.  Además si de noche me pedía de comer, solo bastaba sacar mi pecho, que se prendiera a él y listo, yo dormitaba mientras el comía y el estaba feliz.

Al cabo del año que comenzó a comer de todo y le empecé a dar leche de vaca de vez en cuando, ya las tomas eran menos y uno de mis pechos comenzó a secarse, hasta que un día prácticamente sólo tenía leche en uno. Mi asimetría era visible y me daba cierta pena. Me decía a mi misma que con mi próximo bebé me aseguraría darle siempre de ambos pechos para que no me volviera a suceder esto. Debo decir en este momento y como antecedente para mi segunda historia de lactancia que  desde el principio sentí  que no me salía tanta leche,  sentía que se me vaciaban rápido, mi bebé no se quejaba el tomaba tranquilamente y seguía succionando aun cuando yo sentía que ya no salía, pero él no se quejaba de estar mal alimentado.

Para cerrar esta primera historia, cuando llegó el día en que decidí no darle más pecho, a mi niño de ya 20 meses, lo senté en mis piernas, preparándolo para que tomara su última toma. Le dije claramente que ya no habría más, que íbamos a agradecerle a la “bubi” por lo mucho que nos había dado, por el tiempo maravilloso que nos había permitido vivir, lloré, cerré el círculo, y él creo que entendió perfectamente por que a partir de ese día no volvió a pedir su lechita.

Mi historia con Mariana:

Con mi segunda bebé, al igual que con el primero, no pude darle pecho en el hospital y al llegar a casa sin problema se pegó a mí. Pero a diferencia de mi primera experiencia de lactancia, en esta historia hay tres grande variantes.

La primera con ella yo sabía que el control de dar o no dar pecho era sólo mía, y fui más feliz por esto, porque ya no deje que me presionara la opinión de mi esposo, aclaro, que no le quito valor a su voto como padre, pero al final la decisión iba a ser sólo mía.

Segunda: mi bebé era determinada, a diferencia de mi niño que hacia pucheros y le daba tristeza si yo le daba formula, pero aun así se la tomaba. Mi niña dijo NO, aventaba con su lengüita la mamila y no había poder humano que la hiciera probar ni un poquito, sin llorar ni nada, simplemente no lo aceptaba.

Por otro lado y tercera grandísima diferencia, mis pechos rebozaban de leche, aquello era una cosa abundante,  la mayoría de las veces mi bebé  se atragantaba. Hay varios momentos épicos en esta historia por causa de la abundancia de mi leche, era como abrir una llave y no poder cerrarla. Mi nena tomaba tan rápido como podía pero era tanta la leche que le ganaba, algunas veces terminaba bañándome por que devolvía todo lo que había logrado succionar, regresando inmediatamente a mi pecho más tranquilo. Otras veces se soltaba al no aguantar el ritmo de lo que salía y literalmente aquella manguera no dejaba de expulsar su torrente, llegue a llenar la mitad de un vaso pequeño sólo con lo que de ese torrente salía, sin presionarlo ni nada, otras veces llegué a pedir a mi esposo le entrará al quite a mi hija para que pudiera salir todo lo que mi pecho tenía.  Pasamos así yo creo que los 2 o 3 primeros meses. Hasta que ya no salió mi leche a chorros pero aun así seguía teniendo suficiente y así le di sin problemas hasta que cumplió 2 años.

Como les comenté antes, mi bebé era muy determinada, y su lechita de mamá era lo más importante para ella, a diferencia de mi niño a ella no pude o no supe darle una alimentación más completa después del año ya que no aceptaba muchas cosas y demandaba su pecho. Después de esto tuvimos un periodo difícil en su alimentación que gracias a Dios y mucho esfuerzo ya pasamos.

Cerrar el ciclo con ella fue también relativamente fácil, tuve que hacerlo diferente que con el primero porque ella si no me entendía o más bien no quería dejarlo. El día que cumplió 2 años decidí que sería el último, como salimos de casa y anduvimos todo el día ocupados, no tuvo oportunidad de pedírmelo. Por la noche le dije que no más pecho y se molesto, pero no durmió tan mal. Pasaron los días y me miraba con ojos de deseo, pasada una semana, un sábado que se despertó, pedía con sus ojitos que le diera pechito, la mire y le dije que sería la última vez, que era el momento de despedirse, y si así fue, ella tomo unos cuantos minutos, luego ella misma la soltó y me dijo con su vocecita ¡YA! y realmente fue así, nunca más volvió a pedirla. Cerró su ciclo.

Yo creo mucho en que las cosas uno debe tomárselas relajadamente, el estrés y las expectativas no son los mejores amigos y no ayudan mucho. Cada mamá y cada bebé son diferentes y es importante que nos permitamos conocernos e ir día a día. Tratar de no tomar muchas decisiones a futuro, basta con que decidas dar todo tu amor. Siempre es bueno tener a la mano alguien de quien sostenerse, con quien hablar en momentos difíciles, alguien de preferencia que sea un modelo de mamá para ti o que haya pasado ya por esta etapa. Es importante tener el apoyo de alguien que concuerde con el estilo de crianza que tú quieres, te sentirás menos sola.

En mi caso puedo decir que yo no tenía a nadie, creo que fui la primera de mis amigas que tuvo bebé y las pocas que si tenían pensaban diferente a lo que yo quería. Fui mamá hace siete años, y en ese tiempo aunque no parezca tan lejano, no había facebook, ni grupos de apoyo tan maravillosos como los hay ahora.  Aún así, en mi caso tuve mucho apoyo de mi esposo, de mi mamá; como me encerré en mi mundo, no tenía muchas opiniones externas, leía mucho por internet, y tenía el aliento de algunas amigas, que sin ser mamás o siéndolas sentían por mi cierta inspiración.

Mami Liz Cervantes.

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