Ale Munguia y su historia de lactancia.

Ale 10

Un día cualquiera…4:00am mi beba despierta pidiendo comer, me levanto a amamantarla, nos quedamos un rato dormidas y ni me acuerdo como llegó a mi cama, me levanto y hago mi ejercicio, me baño, me conecto el saca leche para extraerme lo que quedo, corro para alistarme para el trabajo, preparo maquina saca leche para llevármela al trabajo, dolor por leche acumulada al cabo de unas horas en el trabajo, busco ese momentito para escaparme al rincón secreto para extraerme leche, después de estar una media hora conectada, almaceno la leche en oficina de vecinos pidiendo campo entre sus tortillas y guisados…por la tarde, regreso a mi hogar, ansiosa por encontrarla, busco esa sonrisa en su carita, la acerco a mi pecho y siento ese contacto físico entre las dos, su manita sobre mi pecho, su mirada de amor incondicional, sus suspiros profundos, su necesidad de caricias y sonidos confortantes, su vulnerabilidad, su salud porque sé que ha recibido el mejor alimento para su cuerpecito pero también para su almita, su ternura que me hacen romper en llanto…todo mi acelere de todos mis días, mis desvelos y cansancio no son nada comparado con la felicidad de ver a mis hijos 100% plenos, alimentados con mi amor. ¡Vale mucho la pena ser una mamá de leche!

Ale.

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