Brenda Reynoso y su historia de lactancia.

 

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Tengo la fortuna de ser madre de dos pequeños, ambos alimentados exclusivamente de leche materna durante los primeros 6 meses, el mayor, lo seguí alimentando de mi leche durante 1 año y con el menor, seguimos en el camino de la lactancia, hasta que él, mi cuerpo y la vida nos permitan llegar a un destete respetuoso.

Cuando me convertí en madre por primera vez, mi bebé mordía mis pezones en vez de succionarlos. La primera noche tuve asistencia de una enfermera del hospital, que creo que en su intención de ayudarme no lograba notar que mi hijo no succionaba correctamente, era una combinación entre morder y mamar. Se quedó conmigo intentándolo 2 horas. Para cuando él bebé decidió soltarme, no estaba del todo dormido, estaba demasiado sensible. Lo notaba y lo sentía incomodo, tanto o más que yo.

Mis pezones estaban muy adoloridos, pero seguí teniéndolo cerquita de mí y de mis pechos.

Para el siguiente día, la mañana fue muy pesada y dura para los tres. Mi bebé no dormía, no lograba mamar bien y estaba en llanto total, y claro, yo con él.

La atención del hospital siempre fue buena, su intención en que logrará la lactancia también. Pero simplemente no podíamos más, lo intentamos todo, con pezonera, con una manguerita y nada funcionó. No encontrábamos la manera de hacerlo entrar en el proceso de relajación para que simplemente pudiera mamar tranquila y delicadamente.

En ese momento tuve todo frente a mí: el dolor que ya no soportaba, mi bebé llorando a todo pulmón, la ansiedad que me invadía, el miedo, la angustia, la desesperación.

Pedí desesperadamente por leche artificial. Las enfermeras dijeron que sí, pero se tardaron 1hr más en proveerla. Esperaban que lo resolviéramos, lo entiendo, ellas buscaban de verdad que lográramos afianzar la lactancia, y me encanto eso. Pero no se dió en el hospital, y lo que necesitaba con urgencia era que mi bebé lograra descansar con lo que sea, pero que lograra quedar dormidito y relajarse un poco. Finalmente después de un rato llego la leche artificial. Mi hijo la deboró. Estaba con demasiada ansiedad para cuando la leche llegó.

Finalmente durmió 3 hrs exactamente. En las que me pude meter a bañar, pude comer y pude descansar un poco.

Ese día salimos del hospital pero no pudimos regresar a casa, pues teníamos cita para arreglar unos documentos al siguiente día muy temprano. Decidimos quedarnos en un hotel. Bueno, la historia siguió siendo la misma en el hotel. El seguía mordiendo y yo seguía llorando. Seguimos con leche artificial y más intentos de que lograra succionar al menos con pezoneras, pero seguíamos sin éxito.

Al siguiente día ¡bajó mi leche! ¡Que maravilloso se siente! Pude dormir un par de horas y al despertar, ¡estaban mis pechos llenos y desbordantes de leche materna! Aún recuerdo ese momento al sentirme con vida dentro de mis pechos. Fue sencillamente una sensación que jamás olvidaré.

Mi leche comenzó a salir, y mis pezones comenzaron a sanar.

Al volver a casa pude estar más tranquila. Pude abrazarlo, presentarle su hogar, darle la bienvenida de una forma mas calurosa.

Recuerdo que ya no aguantaba más los senos, me metí a bañar con agua caliente y con mucho miedo. Miedo a que nuestro camino de lactancia no fuera a funcionar, eso jamás me paso por la cabeza, así que me sentía muy confundida.

Al entrar a la regadera, me encomendé a la Virgen María y a la madre tierra, y pedí ayuda. Pensé en que esto era simplemente un proceso de aprendizaje que lograríamos superar, como muchos otros que superaríamos juntos.

Salí del baño con la actitud de que mi hijo sabía qué hacer y yo también.

Me senté en nuestra silla, lo abracé, lo miré, y le dije: vamos mi bebé, a comer.

El me miro con esos ojitos que tiene tan llenos de luz y comió, con tranquilidad, con cuidado, con amor.

Así como yo sabía que él podía.

Y justo cuando comenzábamos a establecer la lactancia…

El siguiente reto a vencer fue el reflujo que le diagnosticaron a las 2 semanas de vida. Pues Adrián seguía sin dormir mucho, en total lograba dormir unas 9-10hrs diarias, principalmente por la noche, pegado al cuerpo de mamá o de papá. Su reflujo era difícil, pero no vomitaba mi leche, lo cual al menos me dejaba un poco más tranquila de que estaba recibiendo la nutrición adecuada.

El especialista que lo trató no es partidario de la lactancia materna en general, y menos en casos de reflujo. Fui con él, porque es muy bueno como gastroenterólogo, pero con la clara idea de que intentaría quitarnos la lactancia del camino. Y así fue. El hizo su intento y yo no me dejé. Me dijo que fracasaría el tratamiento con mi leche, le dije que nada perdíamos en intentarlo. Mencionan que la lactosa de nuestra leche es la que más les perjudica. Quizás sí. Quizás no. Yo creo que es mucho más difícil encontrar una leche artificial que él bebé pueda digerir, pues finalmente es leche de vaca, modificada y adicionada con miles de cosas, pero leche de vaca al fin…

Con esto no quiero decir que la leche artificial sea mala, simplemente digo que no es la ideal para un bebé y mucho menos es comparable con la leche materna. Pero a lo que voy, es a no irnos con la errónea idea de que nuestra leche “les cae mal” a nuestros hijos, y que una leche artificial sea la mejor opción en estos casos…no ha sido mi caso, y no ha sido el caso de varias mamás que conozco que superaron el reflujo de sus hijos con leche materna como aliada, no como “enemiga”.

Finalmente, después de las primeras 6 semanas de tratamiento, mi hijo mejoró considerablemente. Cuando me senté frente al consultorio del doctor para que lo revisara, él estaba apuntando datos frente a su computadora…preguntando el nombre del paciente, la edad… y en eso llegó a la leche…se quedó enfrente de su computadora esperando que le mencionara el nombre comercial de leche artificial que le funcionó a mi hijo para apuntarlo en su registro, y no saben lo orgullosa y lo grande que me sentí cuando le conteste: MI LECHE, y así, como se lee, con mayúsculas y con negritas..jejeje.

El hombre dejo de ver su computadora y se dignó a verme a la cara. Y bueno, creo que por ahí empieza todo, por mirar a detalle lo cada ser tiene que decirnos, pero eso no lo harán los doctores mis queridas mamás. Lo haremos nosotras, cuidando y velando por la salud y bienestar de nuestros pequeños. Exigiendo lo que por derecho nos corresponde, en base a información y estudio de cada situación que tengamos que enfrentar. Yo hice equipo con el doctor. Dejándole saber lo que quería y haciendo respetar mi opinión.

No entrego a nadie el 100% de las decisiones sobre la vida de mis hijos, que para eso estoy yo y su padre, que finalmente los conocemos mejor que nadie.

Llegando a los 12 meses decidí dejar de dar leche materna y comenzamos con la leche artificial, y como por arte de magia comenzaron problemas de salud con el exceso de moco. Enfermedades con las anginas, las gripas, los bronquios…hasta que dejamos de darle leche artificial y todo se acomodó de nuevo; esta vez poco a poco, pero con la ayuda de la homeopatía, hemos encontrado un camino menos invasivo para apoyar el sistema inmunológico de mi hijo mayor.

Con mi segundo hijo, bueno, no les explico la diferencia que hace la experiencia adquirida en la vida de los segundos hijos, (y de toda la familia). Con Aarón todo ha sido fluir por parte de ambos. El desde el primer momento se pegó perfecto a mi pezón y comenzó a comer, dormía riquísimo durante y después de cada toma desde el primer minuto de nacido, además de que la vida me brindó un bebito muy sano, que con la ayuda de mi rebozo fular que va conmigo a todos lados, y el apoyo que me brindan mi esposo y mi hijo mayor al ceder un mucho de lo que era su tiempo exclusivo conmigo, pues aquí estamos, dándole vuelo a la hilacha, disfrutando ya más de 15 meses de lactancia, que seguirán fluyendo mientras mi bebé y yo lo decidamos, no hay prisa. Ambos disfrutamos cada día más de esta bella experiencia, y estoy ansiosa, de verdad ansiosa por oírlo decir, quiero chichita mami. ¡♥!

Animo mamitas, el día a día en el recién comenzado camino de la maternidad, está hecho para que podamos crecer y aprender junto a nuestros hijos. Si fuera sencillo, no sería así de grande y así de significativo.

Abrazos gigantescos de mamá a mamá.

Brenda.

 

 

 

 

 

Jacqui Feria Hernández y su historia de lactancia.

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Hoy quisiera compartirles mis 2 historias de lactancia. Soy madre de 2 hijos, Lizbeth y José Gerardo, y cada una fue distinta. Con mi primera hija, hace 13 años y con toda la inexperiencia del mundo, pude ofrecerle este beneficio por poco más de 3 meses. Fue difícil ya que mi única fuente de información en ese tiempo fue mi mamá, y a la cual agradezco, ni los doctores, ni nadie más me explicó lo que hoy en día se. Por esa misma razón nos quedamos cortas, y nos vencieron los mitos, tales como: debe comer cada 3 horas, en la noche no debe de despertarse, de seguro trae cólicos, dale un té y así un sin fin de situaciones, que me pongo a analizar hoy en día y sé que fueron claves, para dicho fracaso y que para poner la cereza del pastel, al llegar con el pediatra ya en una desesperación porque mi niña solo sabía llorar, lo único que pudo recomendarnos fue la fórmula y así terminó todo entre la lactancia y yo.

Afortunadamente la madre naturaleza me dio otra oportunidad y me envío a mi José Gerardo hace poco más de 2 añitos, brindándome otra oportunidad para intentar nuevamente amamantar y no fracasar en el intento, desde que supe que lo esperaba, sabía que lo quería hacer, esto es fundamental, ya que a fuerzas ni los zapatos. Ya que mi idea era clara, me rodee de información y busqué lo suficiente para saber que esta vez debería ser diferente. Desde los doctores que empezaron a tratarme, que estuvieron siempre en pro-lactancia, así como grupos, foros, blogs, libros y mi marido, me ayudaron a crearme una idea clara de lo que tenía que hacer y cuando llegó la hora de recibir a José Gerardo me sentía lista para tomar el reto. Debo decir que no es fácil en un principio, ya que los primeros días y meses el bebé se la pasa pegado a uno, además de que si no está bien posicionado, pueden aparecer las odiosas grietas, también si uno trabaja, está el hecho de dejarlo al cuidado de otra persona que no es uno, por lo tanto empezar a almacenar leche materna lo más pronto posible. Todo esto lo padecí pero salimos airosos los primeros 6 meses, que a mi punto de vista son los cruciales y si los pasa uno, lo demás viene por añadidura. Animo a todas las mamis que lean esto y que tengan dudas, en que sí se puede y la información definitivamente es poder, y que si lo deseas se puede lograr, llevo ya 2 años 2 meses amamantando y ¡lo que nos falta!

Jacqui.

Mayda Rios y su historia de lactancia.

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Después de haber pasado casi un año intentando concebir, meses dolorosos en los que la prueba de embarazo salía negativa, finalmente tuvimos la dicha que nuestro primer hijo, Matías, naciera un 5 de junio de 2010. Desde el momento que lo vi quedé perdidamente enamorada de él.

A a las horas después de nacido me acompañó una consultora de lactancia para revisar posición y ayudarme con la técnica, mi primer bache fue que tenía pezón plano, mi bebé no se agarraba, se desesperaba, lloraba y yo impotente, a pesar de que me dijeron que el aún no necesitaba comer que podía aguantar horas en lo que me bajaba la leche yo me desesperé e hice “trampa” dándole leche humanizada o fórmula con un gotero. Me proporcionaron un aditamento de silicón que hacía las veces del pezón y allí empezó nuestra travesía por este mundo de la maternidad y la lactancia.

Si, pasé noches y días muy difíciles, vivimos este proceso sin la compañía de familiares cercanos puesto que ni mi esposo ni yo somos de esta bella ciudad. Batallé mucho para que se agarrara, tuve que usar el aditamento de silicón cerca de dos semanas lo cual me provocó heridas dolorosas, recuerdo que antes de darle de comer lloraba porque sabía que me iba a doler y pareciera que me la pasaba dando pecho todo el día, lo mismo era de día o de noche yo no veía la luz, de verdad fueron días muy cansados.

Había veces que mi esposo se quedaba a un lado mío cuando iba a empezar a amantar, yo con lágrimas de dolor anticipadas y él me decía “apriétame, pellízcame, lo que sea que te haga sentir mejor”. En cuanto pude traté de documentarme, leer páginas de internet, revisar los libros que había leído durante el embarazo, ver fotografías y videos para el correcto agarre, no era posible que algo tan hermoso fuera para mi algo tan doloroso. Respiré profundo y me dije “confía en ti, estás hecha para esto”, a partir de entonces casi como magia (aunque ayudó el repasar notas, libros, páginas, fotos y videos) disfruté esta maravillosa etapa. Sí, estoy convencida que no hay nada mejor que la leche materna, pero también estoy convencida de que se necesita de cierto apoyo para tener una lactancia prolongada, entiéndase esposo, consultora de lactancia, rebozos, fulares y en mi caso un buen extractor de leche.

Soy gerente senior de un despacho de servicios profesionales, por mi trabajo y mi puesto suele haber periodos durante el año de mucho estrés, fue por ello que mi meta era amamantar al menos 6 meses porque sabía de antemano el desgaste que conlleva la lactancia. Mi niño entró a la guardería cuando tenía pasaditos los 3 meses, para entonces yo ya tenía una buena dotación de leche materna en el refrigerador y congelador, pudimos prolongar la lactancia materna exclusiva hasta los 11 meses. Entre mi esposo y yo nos arreglamos para que mi niño solo estuviera 5 horas fuera de casa y fuera más el tiempo que estuviera con alguno de nosotros. El destete fue sin dolor y sin planearlo. Para mí, como madre trabajadora, fue muy importante el periodo de lactancia porque me dio una conexión especial con mi niño.

Casi tres años después nació mi segundo hijo, mi amor se multiplicó. Nació tan lleno de vida, gordito, cachetón de casi 5 kilos. Será que ya lo vivimos pero los segundos hijos nos agarran más relajadas, ya no hice trampa en el hospital, me lo pegaba para que tomara lo mucho o poco que pudiera tomar, tener de nuevo un parto natural me ayudó a estar más activa casi de inmediato. A pesar de que ya tenía experiencia con el primero en relación a la lactancia, no fue fácil, bien dicen que todos somos diferentes. Si bien Iker lloraba menos, tan sólo de imaginarme como le haría con dos niños, la casa y el trabajo me estresaba, ahora creo que uno misma se pone trabas, no hay nada mejor que quitarse todos los miedos y confiar en nuestro instinto.

De nueva cuenta, mis aliados de lactancia con mi primer hijo (mis pechos, mucho líquido, esposo, fulares o rebozos y el extractor) fueron mi salvación, al día de hoy 29 de julio de 2014 llevamos 16 meses y 19 días de lactancia materna exclusiva, jamás pensé que llegaría tan lejos. He viajado por trabajo y no ha sido impedimento, regreso con buena dotación. Sí, cargo con muchas cosas (extractor, bolsas, hielera, jabón especial, etc), pero bien vale la pena. La primera palabra de Iker fue “Papá”, la segunda “Mamá” y la tercera “chichita”.

A la fecha obviamente he recibido comentarios de “ya está grande”, “¿cuando se la quitas?”, “ya no batalles”, pero nada ni nadie me quitara la dicha y felicidad que siento cada vez que se acerca Iker, me acaricia, me ve a los ojos, me sonríe y me dice: “mamá….chichita?”, simplemente me derrite de amor.

Mami Mayda.

Diana Guerrero Hernández y su historia de lactancia.

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Hola, mi nombre es Diana Guerrero-Hernández y al igual que ustedes disfrute mucho la etapa de lactancia de mis hijas, mi mayor desafío con mi primer hija fue el poder compaginar el amamantar y continuar con mi horario laboral, fue un gran reto y desafío tanto para mi pequeña como para mí, fue difícil al principio pero gracias a Dios lo logramos, y ¡pude amamantarla hasta los 3 años! sé que muchos pensaron que estaba medio “cu-cu”, pero esa era su opinión y se respetó, así como también hice respetar y aceptar el hecho que amantar por un periodo largo a mi hija si no le hacía bien como me decían, tampoco le hacía mal y era parte del fortalecimiento de nuestro lazo afectivo.

Ahora ella tiene 11 años, es una personita muy independiente y creativa, y lo mejor es que a veces me dice: mami, ¿te acuerdas como me acomodaba en tus piernas para tomar leche cuando tenía sueño? :’) y yo: ¡claro que me acuerdo! ¡Si era nuestro momento! ;)…Por el contrario con mi segunda bebé no fue igual, pero no por eso menos satisfactorio y significativo, yo estaba con la mayor disposición y ganas de repetir la historia de los 3 años amamantando, pero Ale y la vida ya tenían otro plan para su historia,  hasta ahorita no logro entender bien a bien que fue pero no pude repetirlo…me costó un trabajo enorme hacerme a la idea y tener que ir y comprar biberones, ya que con María José, mi primera hija, ¡jamás los usé! Y menos los chupones, pero bueno cada pequeño es una caja de sorpresas y la realidad era que tenía que alimentar a mi bebé, así que bueno introduje la mamila pero no la leche jejejejeje me extraje la leche por un periodo corto pues mi producción bajo debido a la falta de estímulo por parte de mi beba, pero eso no nos privó de crear y fomentar y hacer fuerte ese laso afectivo.

Lo que hice fue que cada vez que le daba su toma de leche yo me descubría parte de mi pecho y pegaba su carita a mi mientras le daba el biberón, que sintiera mi piel, y escuchara mi corazón, justo como lo hacen los bebés que toman leche materna directo del seno, Jamás le di en su portabebés o en la cama acostada y deteniéndole con trapitos o cojines su biberón; fue difícil, pero bendito Dios salimos adelante. Dejo el biberón a los 18 meses pero continúe arrullándola hasta casi los 4 años. Tal vez alguna de ustedes vivan, o vivirán situaciones como la mía, pero créanme, siempre hay formas de salir adelante. 😉

Diana.

Ale Munguia y su historia de lactancia.

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Un día cualquiera…4:00am mi beba despierta pidiendo comer, me levanto a amamantarla, nos quedamos un rato dormidas y ni me acuerdo como llegó a mi cama, me levanto y hago mi ejercicio, me baño, me conecto el saca leche para extraerme lo que quedo, corro para alistarme para el trabajo, preparo maquina saca leche para llevármela al trabajo, dolor por leche acumulada al cabo de unas horas en el trabajo, busco ese momentito para escaparme al rincón secreto para extraerme leche, después de estar una media hora conectada, almaceno la leche en oficina de vecinos pidiendo campo entre sus tortillas y guisados…por la tarde, regreso a mi hogar, ansiosa por encontrarla, busco esa sonrisa en su carita, la acerco a mi pecho y siento ese contacto físico entre las dos, su manita sobre mi pecho, su mirada de amor incondicional, sus suspiros profundos, su necesidad de caricias y sonidos confortantes, su vulnerabilidad, su salud porque sé que ha recibido el mejor alimento para su cuerpecito pero también para su almita, su ternura que me hacen romper en llanto…todo mi acelere de todos mis días, mis desvelos y cansancio no son nada comparado con la felicidad de ver a mis hijos 100% plenos, alimentados con mi amor. ¡Vale mucho la pena ser una mamá de leche!

Ale.

Liz Cervantes y su historia de lactancia.

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Mamá de 2 Niños, Germán de 7 años y Mariana de 5 años

Creo que mi historia de lactancia es casi mágica de las que quizá pocas hay sin muchas complicaciones. Amamante a mis dos hijos, al primero por un año, ocho meses y a mi segunda hija por 2 años, exactos.

Recuerdo perfectamente que en ambos casos no pude amamantar en el hospital, no tuve orientación de las enfermeras ni de nadie, creo que en parte porque nadie se ofreció y en parte porque yo no lo quise. Si intenté que comieran pero no pude acomodarme, ni lograr que se prendieran, sin embargo no me permití que esto me alterara ni frustrara, pensé que lo mejor era en ese momento que los alimentaran con biberón y que yo lo intentaría de nuevo en la tranquilidad de mi casa. La verdad es que con mi primer hijo la única expectativa que tenía como madre era disfrutarlo, no tenía un plan ni de que mi parto fuera natural o cesárea, ni de amamantar o dar fórmula. Creo que la únicas dos cosas que tenía clarísimas en ese momento era que lo llenaría de amor y que me dedicaría 100% a él durante el tiempo que así lo considerará.

Mi Historia con Germán.

Sólo estuvimos un día en el hospital, al llegar a casa con mi primer hijo,  ya era de noche, le pedí a mi esposo que preparará el biberón, y así se hizo. Nos fuimos a la recamara con mi bebito y ya en ella, me senté en una silla, me acomode la “dona” y lo pegue a mí, mágicamente ¡se pegó a mí! Sin tanta complicación, logramos en pocos minutos acomodarnos y empezó a succionar. No sabía si había tomado mucho o poco (en realidad sentía que no había sido mucho) y opté por darle un poco de biberón.  Como dije antes yo no tenía claro si le daría pecho o fórmula, supongo que dejaría que mi instinto de madre decidiera, sin embargo no contaba con que mi esposo si tenía expectativas y él, que me había acompañado al curso de preparación al parto sabía que no había mejor alimento para su bebé que el que su madre le podía ofrecer.

Esto fue lo que causo la mayoría de mis conflictos, no porque yo no quisiera darle de comer a mi bebé, si no porque de pronto me topé con la realidad de que la decisión no era sólo mía si no de mi esposo también y él quería ser un papá totalmente presente y con opinión en todo.  Debido a esto dudé durante casi todo mi primer periodo de lactancia, sí era yo la que decidía o lo hacía porque mi esposo quería.  Así pasaron esos primeros meses sintiéndome no dueña de esa decisión, hasta que reflexioné y me di cuenta que nadie me ponía una pistola, que mi esposo era el padre y podía dar su opinión pero al final la decisión final siempre había sido solo mía.

Por otro lado tuve un bebé muy apegado a sus cosas; al principio el primer mes o quizá el segundo también, le daba pecho todo el tiempo a libre demanda, pero de noche antes de dormir le daba un sólo biberón, pues dudaba de si comía suficiente de mí y quería que se sintiera más lleno, mi pequeño así lo sabía y aunque no era mucho de su agrado se lo tomaba, pero no aceptaba más que uno y si alguna vez le quise dar otro, lloraba con tal sentimiento, como preguntando ¿Ya no me quieres? ¿Por qué me das esto?  Así que un día más segura de que  lo que yo le ofrecía era suficiente elimine la fórmula y sólo le di mi leche.

Durante mi primer periodo de lactancia, decidí invernar, mi bebé nació a finales de octubre, así que literalmente viví en mi cuarto unos seis meses. Salíamos poco, le di pecho a libre demanda, lo dormía pegado a mí la mayor parte del tiempo, ya fuera de día o noche, según los dos quisiéramos.  Le cantaba mil canciones, lo admiraba de pies a cabeza, vi mucha televisión y sólo estaba para él, nada me preocupaba. Tenía todo el apoyo de mi esposo, de mi mamá y mi suegra. Nunca nadie cercano a mi familia me cuestionó el tiempo que le di pecho a mi niño, si lo hicieron el doctor y algunas amistades pero fueron pocos, la verdad yo vivía en mi mundo.

Pasaron lo meses, mi bebé dormía muy bien sí dormía a mi lado, para mí era lo más práctico y bello dormir oliendo a mi bebé, definitivamente no me cansaba de él.  Además si de noche me pedía de comer, solo bastaba sacar mi pecho, que se prendiera a él y listo, yo dormitaba mientras el comía y el estaba feliz.

Al cabo del año que comenzó a comer de todo y le empecé a dar leche de vaca de vez en cuando, ya las tomas eran menos y uno de mis pechos comenzó a secarse, hasta que un día prácticamente sólo tenía leche en uno. Mi asimetría era visible y me daba cierta pena. Me decía a mi misma que con mi próximo bebé me aseguraría darle siempre de ambos pechos para que no me volviera a suceder esto. Debo decir en este momento y como antecedente para mi segunda historia de lactancia que  desde el principio sentí  que no me salía tanta leche,  sentía que se me vaciaban rápido, mi bebé no se quejaba el tomaba tranquilamente y seguía succionando aun cuando yo sentía que ya no salía, pero él no se quejaba de estar mal alimentado.

Para cerrar esta primera historia, cuando llegó el día en que decidí no darle más pecho, a mi niño de ya 20 meses, lo senté en mis piernas, preparándolo para que tomara su última toma. Le dije claramente que ya no habría más, que íbamos a agradecerle a la “bubi” por lo mucho que nos había dado, por el tiempo maravilloso que nos había permitido vivir, lloré, cerré el círculo, y él creo que entendió perfectamente por que a partir de ese día no volvió a pedir su lechita.

Mi historia con Mariana:

Con mi segunda bebé, al igual que con el primero, no pude darle pecho en el hospital y al llegar a casa sin problema se pegó a mí. Pero a diferencia de mi primera experiencia de lactancia, en esta historia hay tres grande variantes.

La primera con ella yo sabía que el control de dar o no dar pecho era sólo mía, y fui más feliz por esto, porque ya no deje que me presionara la opinión de mi esposo, aclaro, que no le quito valor a su voto como padre, pero al final la decisión iba a ser sólo mía.

Segunda: mi bebé era determinada, a diferencia de mi niño que hacia pucheros y le daba tristeza si yo le daba formula, pero aun así se la tomaba. Mi niña dijo NO, aventaba con su lengüita la mamila y no había poder humano que la hiciera probar ni un poquito, sin llorar ni nada, simplemente no lo aceptaba.

Por otro lado y tercera grandísima diferencia, mis pechos rebozaban de leche, aquello era una cosa abundante,  la mayoría de las veces mi bebé  se atragantaba. Hay varios momentos épicos en esta historia por causa de la abundancia de mi leche, era como abrir una llave y no poder cerrarla. Mi nena tomaba tan rápido como podía pero era tanta la leche que le ganaba, algunas veces terminaba bañándome por que devolvía todo lo que había logrado succionar, regresando inmediatamente a mi pecho más tranquilo. Otras veces se soltaba al no aguantar el ritmo de lo que salía y literalmente aquella manguera no dejaba de expulsar su torrente, llegue a llenar la mitad de un vaso pequeño sólo con lo que de ese torrente salía, sin presionarlo ni nada, otras veces llegué a pedir a mi esposo le entrará al quite a mi hija para que pudiera salir todo lo que mi pecho tenía.  Pasamos así yo creo que los 2 o 3 primeros meses. Hasta que ya no salió mi leche a chorros pero aun así seguía teniendo suficiente y así le di sin problemas hasta que cumplió 2 años.

Como les comenté antes, mi bebé era muy determinada, y su lechita de mamá era lo más importante para ella, a diferencia de mi niño a ella no pude o no supe darle una alimentación más completa después del año ya que no aceptaba muchas cosas y demandaba su pecho. Después de esto tuvimos un periodo difícil en su alimentación que gracias a Dios y mucho esfuerzo ya pasamos.

Cerrar el ciclo con ella fue también relativamente fácil, tuve que hacerlo diferente que con el primero porque ella si no me entendía o más bien no quería dejarlo. El día que cumplió 2 años decidí que sería el último, como salimos de casa y anduvimos todo el día ocupados, no tuvo oportunidad de pedírmelo. Por la noche le dije que no más pecho y se molesto, pero no durmió tan mal. Pasaron los días y me miraba con ojos de deseo, pasada una semana, un sábado que se despertó, pedía con sus ojitos que le diera pechito, la mire y le dije que sería la última vez, que era el momento de despedirse, y si así fue, ella tomo unos cuantos minutos, luego ella misma la soltó y me dijo con su vocecita ¡YA! y realmente fue así, nunca más volvió a pedirla. Cerró su ciclo.

Yo creo mucho en que las cosas uno debe tomárselas relajadamente, el estrés y las expectativas no son los mejores amigos y no ayudan mucho. Cada mamá y cada bebé son diferentes y es importante que nos permitamos conocernos e ir día a día. Tratar de no tomar muchas decisiones a futuro, basta con que decidas dar todo tu amor. Siempre es bueno tener a la mano alguien de quien sostenerse, con quien hablar en momentos difíciles, alguien de preferencia que sea un modelo de mamá para ti o que haya pasado ya por esta etapa. Es importante tener el apoyo de alguien que concuerde con el estilo de crianza que tú quieres, te sentirás menos sola.

En mi caso puedo decir que yo no tenía a nadie, creo que fui la primera de mis amigas que tuvo bebé y las pocas que si tenían pensaban diferente a lo que yo quería. Fui mamá hace siete años, y en ese tiempo aunque no parezca tan lejano, no había facebook, ni grupos de apoyo tan maravillosos como los hay ahora.  Aún así, en mi caso tuve mucho apoyo de mi esposo, de mi mamá; como me encerré en mi mundo, no tenía muchas opiniones externas, leía mucho por internet, y tenía el aliento de algunas amigas, que sin ser mamás o siéndolas sentían por mi cierta inspiración.

Mami Liz Cervantes.

Lina Yizelle y su historia de lactancia.

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El mejor regalo que he recibido en la vida y mi mayor logro es mi hijo Ian Gabriel, es el mejor tesoro que Dios me ha enviado. Me ha abierto los ojos a lo que realmente es el verdadero amor incondicional y como se puede amar profundamente a un pedacito de vida que yo y mi esposo hemos creado juntos, vivió 9 meses en mi vientre y hoy en día tengo el privilegio de ser madre y cuidar de mi pedacito de vida dándole lo mejor de mí. Mis besos, caricias, amor (todo esto es alimento para el alma), también he decidido alimentarlo físicamente para que crezca fuerte y sano amamantándolo.

En cuanto me enteré que estaba embarazada tomé la decisión de amamantar a mi bebé investigue más al respecto y cada vez estaba más segura de mi decisión de como alimentar a mi bebé. Fui a clases para saber cómo posicionarlo correctamente a la hora de amamantarlo y se me pudiera facilitar. Pero uno podrá tomar muchas clases y tratar de prepararse lo mejor posible y siempre suceden cosas inesperadas.

LLegó el mejor día de mi vida el nacimiento de mi bebé y feliz de tenerlo en mis brazos estuve dispuesta a tener ese primer momento hermoso del que me habían descrito y el lazo que se crea a la hora amamantarlo. Si fue un momento especial y un sentimiento hermoso el que uno pueda alimentar a su bebé pero a la vez me fue muy doloroso a la hora de darle pecho. Mi bebé nació con el frenillo de la lengua corto en la parte superior e inferior de su boca a esta condición le llaman en inglés “tongue tied” lo que hace que no pueda abrir bien su boca para abarcar toda la areola y comer en una posición correcta tanto para el como para mí. Esta condición a largo plazo, aparte que no iba a poder succionar correctamente la leche podría afectarle al habla cuando estuviera más grande.

No me di por vencida dije tengo que darle de comer a mi bebé sobre todo me era muy importante que tomara el calostro ya que éste está lleno de nutrientes. Casi lloraba junto con mi bebé a la hora de alimentarlo del dolor que sentía y el lloraba de la misma manera porque sentía mi tensión y estrés al darle de comer porque me encontraba en continuo dolor, hasta llegar al punto en que me causo una lesión y tenía una herida. Me dijeron que me pusiera mi misma leche materna para que la herida sanara, al yo enterarme de esto estaba aún más dispuesta a seguirle dando pecho porque si mi propia leche sanaba heridas, que no haría en el cuerpo de mi bebé. Utilice una pezonera en lo que se me cicatrizaba y tuvimos que acudir a un pequeño procedimiento para que pudiera abrir su boca más mi bebé y evitar en un futuro que estuviera yo en más dolor y que no pudiera soportarlo y tuviera que acudir a darle fórmula que no era lo que yo quería para él, de igual manera se podría evitar que tuviera problemas del habla en un futuro.

Investigue y ésta condición es más común de lo que esperaba, hay muchos niños que nacen de esta manera. Este fue un reto para mí pero a la vez una motivación para yo darme cuenta que con perseverancia y motivación de darle lo mejor a él se pueden lograr muchas cosas. Hicimos un equipo mi bebé y yo, y los dos aprendimos alimentarnos mutuamente tanto físicamente como emocional y espiritualmente. Al ir creando a su vez un lazo fuerte y único entre nosotros, que sólo se da entre una madre y un hijo(a), es un sentimiento indescriptible y hermoso.

Si el amamantar es agotador, cansado, la leche materna se digiere muy rápido y por lo tanto apenas terminaba de darle de comer a mi bebé cuando otra vez tenía hambre y en menos de una hora. Le decía a mi esposo, ¿de dónde voy a sacar energía después de un parto de 23 hrs, no dormir y darle de comer a nuestro bebé, como le voy a hacer? Pero me di cuenta que Dios es muy grande y por algo nos hizo mujeres y madres y no se dé donde, pero uno saca fuerza y energía para poder seguir adelante. Conforme pasaron los días me acostumbre cada vez más y la vida de uno ya no es igual a la de antes, ahora cuando mi bebé dormía yo dormía, o cuando dormía él yo comía rápido o dejaba de comer si el tenía hambre en ese momento porque él me necesitaba a mí y el amamantar es darle pecho a demanda.

La vida de antes ya no es igual pero no lo cambio por nada en el mundo, cada día me levanto y doy gracias a Dios por tener a mi hijo en mis brazos y verlo sanito y fuerte.

En las madrugadas cuando me levanto cansada a amamantarlo y no puedo ni abrir los ojos…después veo que su mirada se fija en la mía y me da una sonrisa mientras come y después otra al terminar de comer; se me llenan los ojos de lágrimas porque veo que mi bebé sin hablar me estaba dando las gracias con su mirada por estarlo alimentando tanto físicamente como espiritualmente con mi amor y leche al hacerlo sentir parte de mí. De esta manera él sabe que una vez que salió de mi vientre no está ni estará solo, siempre tendrá el calor y amor de su mamá, cuidándolo de que no sienta ese cambio tan brusco de estar adentro cómodamente en el vientre de uno y salir al exterior frío en una cuna sin el olor o calor de su madre.

Por ahora duermo sólo unas cuantas horas pero me dicen que eso pasará, lo que si estoy convencida es que estoy en el camino correcto para mí y mi bebé.

Mi bebé hoy en día gracias a Dios acaba de cumplir 4 meses de edad y me siento orgullosa de decir que soy una mamá de leche.

Mami Lina Yizelle.

Historias de Lactancia

¡El Blog de Maternidad Blanca esta de fiesta! Estamos en la Semana Mundial de la Lactancia Materna, y queremos compartir contigo nuestras historias de lactancia, historias de mujeres madres como tú y como yo, que se han enfrentado a miles de situaciones, dudas y temores. Mujeres que han luchado y han conquistado día con día cada uno de los retos que la lactancia conlleva, para convertirse en lo que son: Madres de Leche Admirables, pero ante todo, ¡Felices y orgullosas por su gran logro!

Te invito a leer durante la semana las diferentes historias que estaremos compartiendo.

¡Feliz Lactancia!

Erika Fajardo

Mi historia de Lactancia – Por Erika Fajardo de Hernández.     

Hace poco fui a regresar el saca leches que había rentado en el hospital. Ya había cumplido mi meta: un año de amamantar a mi bebé. Mi hijo ya tenía 13 meses y después de mucho pensar tome la decisión que ya no me iba a sacar leche. Mi salud mental y mi tranquilidad me lo pedían. Nunca me lleve bien con el saca leches y aparte ya casi no me salía leche: el trabajo, el estrés, y las tomas espaciadas de mi hijo habían hecho de la suyas. En ese entonces tenía un remolino en mi vida porque estaba dejando mi trabajo y pensé que sólo le daría yo mientras él quisiera. Era una decisión difícil, pero aun así no me esperaba la lluvia de emociones ni el llanto que me nublo los ojos. Es increíble como después de tanto tiempo, aun podía ser un tema tan sensible para mí.

No todo el mundo entiende esto: dar pecho es el instinto más bello, la intimidad más hermosa que se puede compartir con un hijo, pero también es trabajo arduo, requiere de tiempo y esfuerzo, especialmente en un principio. Y es especialmente difícil en estos tiempos, donde aún es algo medio raro, donde no hay el apoyo necesario para las mamis y en lugar de ser considerada la opción más natural para mamá e hijo; es considerada como una opción dolorosa y tentativa (haber si puedes, haber si te sale leche, haber si lo llenas, huy no sabes como duele!, etc.) Pero bueno, ahí les va mi historia! Trataré de ser lo más breve posible!

Todo empezó cuando a la media hora de haber nacido, mi bebé, mi querido Angelito, se pego a mi pecho sin problema. Se movía solito, y levanto su cabecita para encontrarme, todo un milagro, una maravilla de amor e instinto de supervivencia. Mi bebé buscaba mi leche, mi calor. A pesar de la fatiga y estar adolorida porque fue cesárea, lo único que importaba era cuidar a mi hermoso chiquillo. La segunda vez que lo intentamos batalló un poco. En el hospital donde estaba, la consultora en lactancia me recomendó usara una pezonera, yo nerviosa, le hice caso por supuesto. Recuerdo como antes de cada toma venían y me ayudaban a acomodarlo, como me tenía que poner el plástico, como sinceramente no tenía idea de lo que estaba haciendo. El bebé lloraba y lloraba. Yo pensaba que era porque no me bajaba la leche. Yo lloraba. Venia una enfermera a decirme que tenía que llevar una lista de cuantos pañales mojaba, de qué lado le daba, cada cuanto y cuanto tiempo duraba en el pecho….what? Esto obvio no contribuyo a mi relajación, que ahora se era lo que más necesitaba. El bebé quería succionar todo el tiempo. Todo el tiempo. Estaba en shock. Mi cuerpo no era mío. Que no después del embarazo recuperaba mi cuerpo? Tenía días y días sin dormir, me sentía preocupada por mi hijo, insegura, pero segura que de que era lo mejor para mi hijo. Le pregunte al pediatra y me dijo que el niño “me estaba usando de chupón”,  “ahí tu si te quieres dejar”. Al segundo día de nacido, me dijo que debía complementar con formula ya que el bebé había bajado de peso. Le hice caso, sin saber que empezaba un circulo vicioso, ahí me tienen batallando con una tripita que me pegaba al pecho para darle también formula, ya que no le quería dar biberón ni chupón, ya que eso si sabía que no era bueno al empezar la lactancia.

En fin, para no hacer TAN larga esta historia, la pezonera me lastimo el pecho, casi tiro la toalla! Seguía complementando con fórmula y no estaba contenta con ello. Mi bebé seguía batallando con el peso y yo hacía de todo: galones de agua, pecho a demanda, caldos, avena, pastillas, tés para la producción de leche, le daba pecho luego usaba el saca leches, la verdad es que me estaba volviendo un poco loca. Y la verdad es que no sabía bien porque lo hacía. Nunca había visto a alguien más amamantar de cerca. Ni un familiar, ni una amiga. Pero de repente eso se convirtió en lo más importante en mi vida. Alimentar a mi hijo, tener esa conexión especial, darle lo mejor.

Los grupos de apoyo me salvaron la vida. Aún recuerdo cuando llegue hecha un mar de lágrimas y la consultora en lactancia tiernamente me ayudo y me dio ánimos. Me enseño como debía de agarrarse mi hijo y nos deshicimos del plástico. Acudía religiosamente, esto me daba esperanza, y era interesante aprender historias de otras mamás; ver como no era la única.

Después de mucha investigación de mi parte me di cuenta que mi hijo tenia “lip tie”, es decir, una condición que afectaba el “latch” y la transferencia de leche. Le hicimos una cirugía a los 10 meses y ya para ese entonces mi bebé solo tomaba de mi leche unas cuantas veces al día. Eso me ponía un poco triste, pero no me rendí y le seguía dando lo que fuera, pensando que algo de leche de mami  que es como oro molido nutricionalmente, es mejor que nada.

He aprendido muchas cosas: que más que listas de pañales y horarios de tomas, necesitaba alguien que me dijera: “no te rindas, tu puedes, tu cuerpo es maravilloso, esto es lo mejor para tu bebé”. Necesitaba seguridad, necesitaba confianza en mí misma, creer que yo era lo único que necesitaba mí bebé. Mi esposo fue importantísimo ya que el siempre creyó en mi, incluso más que yo misma.

Aprendí que hay poca o nula información sobre lactancia en los hospitales y con los doctores en general. Que si les haces caso (claro, hay sus excepciones), estas frita. Estoy anonadada en como con la mano en la cintura te dan consejos que pueden afectar la relación de lactancia con tu bebé severamente (como complementar con fórmula). He aprendido que la gente más bien intencionada y querida te dará consejos, pero es importante seguir tu instinto, nadie más que una mamá sabrá que necesita su bebé, aunque sea primeriza.

Hasta que me relaje, no pensé en cuanta leche me salía, empecé a tomar siestas con mi bebé mientras él se pega a la teta y deje que el mundo rodara me di cuenta que es lo que debí de haber hecho en un principio. Ahora, mi bebe tiene 15 meses y a veces parece recién nacido el condenado porque aunque creí que ya terminábamos, oh sorpresa! Resulta que está aprendiendo mucho del mundo y todavía necesita la seguridad, el calor y el confort del pecho de mamá. Los bebés no sólo maman por hambre. Lloran porque quieren estar con nosotras. He aprendido que lo natural es estar con tu bebé, siempre cerca, una cuna no funciona para mí y tampoco para él. No hay nada más lindo que despertar juntitos, con su sonrisota y esos ojotes que me miran tiernamente mientras esta agarrado del pezón. Y resulta que tengo más leche que nunca.

Tuve etapas de leche, no leche, estrés, bebé llorando, brotes de crecimiento, en fin, de todo un poco! Pero el chiste es no rendirte y seguir tu instinto. Mi instinto de amamantar a mi hijo se ha convertido también en una vocación. Todo lo que he vivido me ha cambiado como mujer, y estoy estudiando para convertirme en educadora en lactancia. Creo firmemente que todas las mamás deberán tener el apoyo necesario para amamantar y sobre todo tener información confiable. No tiene nada de malo dar formula siempre y cuando sea una decisión tomada por la madre, no por los doctores o por alguien más.

El problema es que  vivimos en un entorno hecho para los biberones, no para las mamás que amamantan. Una sociedad que compara el dar pecho con ir al baño, cuando el primero es un acto de amor y el segundo es una necesidad fisiológica. Vivimos en una sociedad que se escandaliza al ver un pecho descubierto alimentando a su bebé pero ve normal un sexy escote. Invito a las mamás a ir mas allá del que dirán y dar leche y amor a su bebé cuando lo pida. Es difícil dejar el control de los horarios, las onzas y entregarse a este proceso sin reglas, de lleno, confiadas en nuestro cuerpo. Entregarnos a esta transformación tan bella llamada maternidad.

Con mi historia espero inspirar a otras mamis para que vean que si se puede! Y sobre todo para que sepan que vale la pena! Amamantar a tu bebé es lo más bello y mágico en el mundo. Como mujer, nacimos para esto, lo hemos hecho por millones de años, sólo es cuestión de que recordemos un poco y recuperemos nuestro instinto, si está guardado, de seguro sale con toda la garra en el nacimiento de tu hijo. Siento una felicidad enorme al seguir dando pecho a mi hijo,  y  es que amamantar es un regalo para toda la vida, no sólo para el bebé, sino también para la mamá!!!

Con cariño:

Mami Erika.

Orgullosa Madre de Leche.

Lactancia Materna: ¡Un logro para toda la vida!