Brenda Reynoso y su historia de lactancia.

 

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Tengo la fortuna de ser madre de dos pequeños, ambos alimentados exclusivamente de leche materna durante los primeros 6 meses, el mayor, lo seguí alimentando de mi leche durante 1 año y con el menor, seguimos en el camino de la lactancia, hasta que él, mi cuerpo y la vida nos permitan llegar a un destete respetuoso.

Cuando me convertí en madre por primera vez, mi bebé mordía mis pezones en vez de succionarlos. La primera noche tuve asistencia de una enfermera del hospital, que creo que en su intención de ayudarme no lograba notar que mi hijo no succionaba correctamente, era una combinación entre morder y mamar. Se quedó conmigo intentándolo 2 horas. Para cuando él bebé decidió soltarme, no estaba del todo dormido, estaba demasiado sensible. Lo notaba y lo sentía incomodo, tanto o más que yo.

Mis pezones estaban muy adoloridos, pero seguí teniéndolo cerquita de mí y de mis pechos.

Para el siguiente día, la mañana fue muy pesada y dura para los tres. Mi bebé no dormía, no lograba mamar bien y estaba en llanto total, y claro, yo con él.

La atención del hospital siempre fue buena, su intención en que logrará la lactancia también. Pero simplemente no podíamos más, lo intentamos todo, con pezonera, con una manguerita y nada funcionó. No encontrábamos la manera de hacerlo entrar en el proceso de relajación para que simplemente pudiera mamar tranquila y delicadamente.

En ese momento tuve todo frente a mí: el dolor que ya no soportaba, mi bebé llorando a todo pulmón, la ansiedad que me invadía, el miedo, la angustia, la desesperación.

Pedí desesperadamente por leche artificial. Las enfermeras dijeron que sí, pero se tardaron 1hr más en proveerla. Esperaban que lo resolviéramos, lo entiendo, ellas buscaban de verdad que lográramos afianzar la lactancia, y me encanto eso. Pero no se dió en el hospital, y lo que necesitaba con urgencia era que mi bebé lograra descansar con lo que sea, pero que lograra quedar dormidito y relajarse un poco. Finalmente después de un rato llego la leche artificial. Mi hijo la deboró. Estaba con demasiada ansiedad para cuando la leche llegó.

Finalmente durmió 3 hrs exactamente. En las que me pude meter a bañar, pude comer y pude descansar un poco.

Ese día salimos del hospital pero no pudimos regresar a casa, pues teníamos cita para arreglar unos documentos al siguiente día muy temprano. Decidimos quedarnos en un hotel. Bueno, la historia siguió siendo la misma en el hotel. El seguía mordiendo y yo seguía llorando. Seguimos con leche artificial y más intentos de que lograra succionar al menos con pezoneras, pero seguíamos sin éxito.

Al siguiente día ¡bajó mi leche! ¡Que maravilloso se siente! Pude dormir un par de horas y al despertar, ¡estaban mis pechos llenos y desbordantes de leche materna! Aún recuerdo ese momento al sentirme con vida dentro de mis pechos. Fue sencillamente una sensación que jamás olvidaré.

Mi leche comenzó a salir, y mis pezones comenzaron a sanar.

Al volver a casa pude estar más tranquila. Pude abrazarlo, presentarle su hogar, darle la bienvenida de una forma mas calurosa.

Recuerdo que ya no aguantaba más los senos, me metí a bañar con agua caliente y con mucho miedo. Miedo a que nuestro camino de lactancia no fuera a funcionar, eso jamás me paso por la cabeza, así que me sentía muy confundida.

Al entrar a la regadera, me encomendé a la Virgen María y a la madre tierra, y pedí ayuda. Pensé en que esto era simplemente un proceso de aprendizaje que lograríamos superar, como muchos otros que superaríamos juntos.

Salí del baño con la actitud de que mi hijo sabía qué hacer y yo también.

Me senté en nuestra silla, lo abracé, lo miré, y le dije: vamos mi bebé, a comer.

El me miro con esos ojitos que tiene tan llenos de luz y comió, con tranquilidad, con cuidado, con amor.

Así como yo sabía que él podía.

Y justo cuando comenzábamos a establecer la lactancia…

El siguiente reto a vencer fue el reflujo que le diagnosticaron a las 2 semanas de vida. Pues Adrián seguía sin dormir mucho, en total lograba dormir unas 9-10hrs diarias, principalmente por la noche, pegado al cuerpo de mamá o de papá. Su reflujo era difícil, pero no vomitaba mi leche, lo cual al menos me dejaba un poco más tranquila de que estaba recibiendo la nutrición adecuada.

El especialista que lo trató no es partidario de la lactancia materna en general, y menos en casos de reflujo. Fui con él, porque es muy bueno como gastroenterólogo, pero con la clara idea de que intentaría quitarnos la lactancia del camino. Y así fue. El hizo su intento y yo no me dejé. Me dijo que fracasaría el tratamiento con mi leche, le dije que nada perdíamos en intentarlo. Mencionan que la lactosa de nuestra leche es la que más les perjudica. Quizás sí. Quizás no. Yo creo que es mucho más difícil encontrar una leche artificial que él bebé pueda digerir, pues finalmente es leche de vaca, modificada y adicionada con miles de cosas, pero leche de vaca al fin…

Con esto no quiero decir que la leche artificial sea mala, simplemente digo que no es la ideal para un bebé y mucho menos es comparable con la leche materna. Pero a lo que voy, es a no irnos con la errónea idea de que nuestra leche “les cae mal” a nuestros hijos, y que una leche artificial sea la mejor opción en estos casos…no ha sido mi caso, y no ha sido el caso de varias mamás que conozco que superaron el reflujo de sus hijos con leche materna como aliada, no como “enemiga”.

Finalmente, después de las primeras 6 semanas de tratamiento, mi hijo mejoró considerablemente. Cuando me senté frente al consultorio del doctor para que lo revisara, él estaba apuntando datos frente a su computadora…preguntando el nombre del paciente, la edad… y en eso llegó a la leche…se quedó enfrente de su computadora esperando que le mencionara el nombre comercial de leche artificial que le funcionó a mi hijo para apuntarlo en su registro, y no saben lo orgullosa y lo grande que me sentí cuando le conteste: MI LECHE, y así, como se lee, con mayúsculas y con negritas..jejeje.

El hombre dejo de ver su computadora y se dignó a verme a la cara. Y bueno, creo que por ahí empieza todo, por mirar a detalle lo cada ser tiene que decirnos, pero eso no lo harán los doctores mis queridas mamás. Lo haremos nosotras, cuidando y velando por la salud y bienestar de nuestros pequeños. Exigiendo lo que por derecho nos corresponde, en base a información y estudio de cada situación que tengamos que enfrentar. Yo hice equipo con el doctor. Dejándole saber lo que quería y haciendo respetar mi opinión.

No entrego a nadie el 100% de las decisiones sobre la vida de mis hijos, que para eso estoy yo y su padre, que finalmente los conocemos mejor que nadie.

Llegando a los 12 meses decidí dejar de dar leche materna y comenzamos con la leche artificial, y como por arte de magia comenzaron problemas de salud con el exceso de moco. Enfermedades con las anginas, las gripas, los bronquios…hasta que dejamos de darle leche artificial y todo se acomodó de nuevo; esta vez poco a poco, pero con la ayuda de la homeopatía, hemos encontrado un camino menos invasivo para apoyar el sistema inmunológico de mi hijo mayor.

Con mi segundo hijo, bueno, no les explico la diferencia que hace la experiencia adquirida en la vida de los segundos hijos, (y de toda la familia). Con Aarón todo ha sido fluir por parte de ambos. El desde el primer momento se pegó perfecto a mi pezón y comenzó a comer, dormía riquísimo durante y después de cada toma desde el primer minuto de nacido, además de que la vida me brindó un bebito muy sano, que con la ayuda de mi rebozo fular que va conmigo a todos lados, y el apoyo que me brindan mi esposo y mi hijo mayor al ceder un mucho de lo que era su tiempo exclusivo conmigo, pues aquí estamos, dándole vuelo a la hilacha, disfrutando ya más de 15 meses de lactancia, que seguirán fluyendo mientras mi bebé y yo lo decidamos, no hay prisa. Ambos disfrutamos cada día más de esta bella experiencia, y estoy ansiosa, de verdad ansiosa por oírlo decir, quiero chichita mami. ¡♥!

Animo mamitas, el día a día en el recién comenzado camino de la maternidad, está hecho para que podamos crecer y aprender junto a nuestros hijos. Si fuera sencillo, no sería así de grande y así de significativo.

Abrazos gigantescos de mamá a mamá.

Brenda.

 

 

 

 

 

Jacqui Feria Hernández y su historia de lactancia.

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Hoy quisiera compartirles mis 2 historias de lactancia. Soy madre de 2 hijos, Lizbeth y José Gerardo, y cada una fue distinta. Con mi primera hija, hace 13 años y con toda la inexperiencia del mundo, pude ofrecerle este beneficio por poco más de 3 meses. Fue difícil ya que mi única fuente de información en ese tiempo fue mi mamá, y a la cual agradezco, ni los doctores, ni nadie más me explicó lo que hoy en día se. Por esa misma razón nos quedamos cortas, y nos vencieron los mitos, tales como: debe comer cada 3 horas, en la noche no debe de despertarse, de seguro trae cólicos, dale un té y así un sin fin de situaciones, que me pongo a analizar hoy en día y sé que fueron claves, para dicho fracaso y que para poner la cereza del pastel, al llegar con el pediatra ya en una desesperación porque mi niña solo sabía llorar, lo único que pudo recomendarnos fue la fórmula y así terminó todo entre la lactancia y yo.

Afortunadamente la madre naturaleza me dio otra oportunidad y me envío a mi José Gerardo hace poco más de 2 añitos, brindándome otra oportunidad para intentar nuevamente amamantar y no fracasar en el intento, desde que supe que lo esperaba, sabía que lo quería hacer, esto es fundamental, ya que a fuerzas ni los zapatos. Ya que mi idea era clara, me rodee de información y busqué lo suficiente para saber que esta vez debería ser diferente. Desde los doctores que empezaron a tratarme, que estuvieron siempre en pro-lactancia, así como grupos, foros, blogs, libros y mi marido, me ayudaron a crearme una idea clara de lo que tenía que hacer y cuando llegó la hora de recibir a José Gerardo me sentía lista para tomar el reto. Debo decir que no es fácil en un principio, ya que los primeros días y meses el bebé se la pasa pegado a uno, además de que si no está bien posicionado, pueden aparecer las odiosas grietas, también si uno trabaja, está el hecho de dejarlo al cuidado de otra persona que no es uno, por lo tanto empezar a almacenar leche materna lo más pronto posible. Todo esto lo padecí pero salimos airosos los primeros 6 meses, que a mi punto de vista son los cruciales y si los pasa uno, lo demás viene por añadidura. Animo a todas las mamis que lean esto y que tengan dudas, en que sí se puede y la información definitivamente es poder, y que si lo deseas se puede lograr, llevo ya 2 años 2 meses amamantando y ¡lo que nos falta!

Jacqui.

Mayda Rios y su historia de lactancia.

mayda rios

Después de haber pasado casi un año intentando concebir, meses dolorosos en los que la prueba de embarazo salía negativa, finalmente tuvimos la dicha que nuestro primer hijo, Matías, naciera un 5 de junio de 2010. Desde el momento que lo vi quedé perdidamente enamorada de él.

A a las horas después de nacido me acompañó una consultora de lactancia para revisar posición y ayudarme con la técnica, mi primer bache fue que tenía pezón plano, mi bebé no se agarraba, se desesperaba, lloraba y yo impotente, a pesar de que me dijeron que el aún no necesitaba comer que podía aguantar horas en lo que me bajaba la leche yo me desesperé e hice “trampa” dándole leche humanizada o fórmula con un gotero. Me proporcionaron un aditamento de silicón que hacía las veces del pezón y allí empezó nuestra travesía por este mundo de la maternidad y la lactancia.

Si, pasé noches y días muy difíciles, vivimos este proceso sin la compañía de familiares cercanos puesto que ni mi esposo ni yo somos de esta bella ciudad. Batallé mucho para que se agarrara, tuve que usar el aditamento de silicón cerca de dos semanas lo cual me provocó heridas dolorosas, recuerdo que antes de darle de comer lloraba porque sabía que me iba a doler y pareciera que me la pasaba dando pecho todo el día, lo mismo era de día o de noche yo no veía la luz, de verdad fueron días muy cansados.

Había veces que mi esposo se quedaba a un lado mío cuando iba a empezar a amantar, yo con lágrimas de dolor anticipadas y él me decía “apriétame, pellízcame, lo que sea que te haga sentir mejor”. En cuanto pude traté de documentarme, leer páginas de internet, revisar los libros que había leído durante el embarazo, ver fotografías y videos para el correcto agarre, no era posible que algo tan hermoso fuera para mi algo tan doloroso. Respiré profundo y me dije “confía en ti, estás hecha para esto”, a partir de entonces casi como magia (aunque ayudó el repasar notas, libros, páginas, fotos y videos) disfruté esta maravillosa etapa. Sí, estoy convencida que no hay nada mejor que la leche materna, pero también estoy convencida de que se necesita de cierto apoyo para tener una lactancia prolongada, entiéndase esposo, consultora de lactancia, rebozos, fulares y en mi caso un buen extractor de leche.

Soy gerente senior de un despacho de servicios profesionales, por mi trabajo y mi puesto suele haber periodos durante el año de mucho estrés, fue por ello que mi meta era amamantar al menos 6 meses porque sabía de antemano el desgaste que conlleva la lactancia. Mi niño entró a la guardería cuando tenía pasaditos los 3 meses, para entonces yo ya tenía una buena dotación de leche materna en el refrigerador y congelador, pudimos prolongar la lactancia materna exclusiva hasta los 11 meses. Entre mi esposo y yo nos arreglamos para que mi niño solo estuviera 5 horas fuera de casa y fuera más el tiempo que estuviera con alguno de nosotros. El destete fue sin dolor y sin planearlo. Para mí, como madre trabajadora, fue muy importante el periodo de lactancia porque me dio una conexión especial con mi niño.

Casi tres años después nació mi segundo hijo, mi amor se multiplicó. Nació tan lleno de vida, gordito, cachetón de casi 5 kilos. Será que ya lo vivimos pero los segundos hijos nos agarran más relajadas, ya no hice trampa en el hospital, me lo pegaba para que tomara lo mucho o poco que pudiera tomar, tener de nuevo un parto natural me ayudó a estar más activa casi de inmediato. A pesar de que ya tenía experiencia con el primero en relación a la lactancia, no fue fácil, bien dicen que todos somos diferentes. Si bien Iker lloraba menos, tan sólo de imaginarme como le haría con dos niños, la casa y el trabajo me estresaba, ahora creo que uno misma se pone trabas, no hay nada mejor que quitarse todos los miedos y confiar en nuestro instinto.

De nueva cuenta, mis aliados de lactancia con mi primer hijo (mis pechos, mucho líquido, esposo, fulares o rebozos y el extractor) fueron mi salvación, al día de hoy 29 de julio de 2014 llevamos 16 meses y 19 días de lactancia materna exclusiva, jamás pensé que llegaría tan lejos. He viajado por trabajo y no ha sido impedimento, regreso con buena dotación. Sí, cargo con muchas cosas (extractor, bolsas, hielera, jabón especial, etc), pero bien vale la pena. La primera palabra de Iker fue “Papá”, la segunda “Mamá” y la tercera “chichita”.

A la fecha obviamente he recibido comentarios de “ya está grande”, “¿cuando se la quitas?”, “ya no batalles”, pero nada ni nadie me quitara la dicha y felicidad que siento cada vez que se acerca Iker, me acaricia, me ve a los ojos, me sonríe y me dice: “mamá….chichita?”, simplemente me derrite de amor.

Mami Mayda.

Lina Yizelle y su historia de lactancia.

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El mejor regalo que he recibido en la vida y mi mayor logro es mi hijo Ian Gabriel, es el mejor tesoro que Dios me ha enviado. Me ha abierto los ojos a lo que realmente es el verdadero amor incondicional y como se puede amar profundamente a un pedacito de vida que yo y mi esposo hemos creado juntos, vivió 9 meses en mi vientre y hoy en día tengo el privilegio de ser madre y cuidar de mi pedacito de vida dándole lo mejor de mí. Mis besos, caricias, amor (todo esto es alimento para el alma), también he decidido alimentarlo físicamente para que crezca fuerte y sano amamantándolo.

En cuanto me enteré que estaba embarazada tomé la decisión de amamantar a mi bebé investigue más al respecto y cada vez estaba más segura de mi decisión de como alimentar a mi bebé. Fui a clases para saber cómo posicionarlo correctamente a la hora de amamantarlo y se me pudiera facilitar. Pero uno podrá tomar muchas clases y tratar de prepararse lo mejor posible y siempre suceden cosas inesperadas.

LLegó el mejor día de mi vida el nacimiento de mi bebé y feliz de tenerlo en mis brazos estuve dispuesta a tener ese primer momento hermoso del que me habían descrito y el lazo que se crea a la hora amamantarlo. Si fue un momento especial y un sentimiento hermoso el que uno pueda alimentar a su bebé pero a la vez me fue muy doloroso a la hora de darle pecho. Mi bebé nació con el frenillo de la lengua corto en la parte superior e inferior de su boca a esta condición le llaman en inglés “tongue tied” lo que hace que no pueda abrir bien su boca para abarcar toda la areola y comer en una posición correcta tanto para el como para mí. Esta condición a largo plazo, aparte que no iba a poder succionar correctamente la leche podría afectarle al habla cuando estuviera más grande.

No me di por vencida dije tengo que darle de comer a mi bebé sobre todo me era muy importante que tomara el calostro ya que éste está lleno de nutrientes. Casi lloraba junto con mi bebé a la hora de alimentarlo del dolor que sentía y el lloraba de la misma manera porque sentía mi tensión y estrés al darle de comer porque me encontraba en continuo dolor, hasta llegar al punto en que me causo una lesión y tenía una herida. Me dijeron que me pusiera mi misma leche materna para que la herida sanara, al yo enterarme de esto estaba aún más dispuesta a seguirle dando pecho porque si mi propia leche sanaba heridas, que no haría en el cuerpo de mi bebé. Utilice una pezonera en lo que se me cicatrizaba y tuvimos que acudir a un pequeño procedimiento para que pudiera abrir su boca más mi bebé y evitar en un futuro que estuviera yo en más dolor y que no pudiera soportarlo y tuviera que acudir a darle fórmula que no era lo que yo quería para él, de igual manera se podría evitar que tuviera problemas del habla en un futuro.

Investigue y ésta condición es más común de lo que esperaba, hay muchos niños que nacen de esta manera. Este fue un reto para mí pero a la vez una motivación para yo darme cuenta que con perseverancia y motivación de darle lo mejor a él se pueden lograr muchas cosas. Hicimos un equipo mi bebé y yo, y los dos aprendimos alimentarnos mutuamente tanto físicamente como emocional y espiritualmente. Al ir creando a su vez un lazo fuerte y único entre nosotros, que sólo se da entre una madre y un hijo(a), es un sentimiento indescriptible y hermoso.

Si el amamantar es agotador, cansado, la leche materna se digiere muy rápido y por lo tanto apenas terminaba de darle de comer a mi bebé cuando otra vez tenía hambre y en menos de una hora. Le decía a mi esposo, ¿de dónde voy a sacar energía después de un parto de 23 hrs, no dormir y darle de comer a nuestro bebé, como le voy a hacer? Pero me di cuenta que Dios es muy grande y por algo nos hizo mujeres y madres y no se dé donde, pero uno saca fuerza y energía para poder seguir adelante. Conforme pasaron los días me acostumbre cada vez más y la vida de uno ya no es igual a la de antes, ahora cuando mi bebé dormía yo dormía, o cuando dormía él yo comía rápido o dejaba de comer si el tenía hambre en ese momento porque él me necesitaba a mí y el amamantar es darle pecho a demanda.

La vida de antes ya no es igual pero no lo cambio por nada en el mundo, cada día me levanto y doy gracias a Dios por tener a mi hijo en mis brazos y verlo sanito y fuerte.

En las madrugadas cuando me levanto cansada a amamantarlo y no puedo ni abrir los ojos…después veo que su mirada se fija en la mía y me da una sonrisa mientras come y después otra al terminar de comer; se me llenan los ojos de lágrimas porque veo que mi bebé sin hablar me estaba dando las gracias con su mirada por estarlo alimentando tanto físicamente como espiritualmente con mi amor y leche al hacerlo sentir parte de mí. De esta manera él sabe que una vez que salió de mi vientre no está ni estará solo, siempre tendrá el calor y amor de su mamá, cuidándolo de que no sienta ese cambio tan brusco de estar adentro cómodamente en el vientre de uno y salir al exterior frío en una cuna sin el olor o calor de su madre.

Por ahora duermo sólo unas cuantas horas pero me dicen que eso pasará, lo que si estoy convencida es que estoy en el camino correcto para mí y mi bebé.

Mi bebé hoy en día gracias a Dios acaba de cumplir 4 meses de edad y me siento orgullosa de decir que soy una mamá de leche.

Mami Lina Yizelle.